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lunes, 15 de febrero de 2016

Cómo lograr una autoridad positiva

Tener autoridad, que no autoritarismo, es básico para la educación de nuestro hijo. Debemos marcar límites y objetivos claros que permitan diferenciar qué está bien y qué está mal, pero uno de los errores más frecuentes de padres y madres es excederse en la tolerancia. Y entonces empiezan los problemas. Hay que llegar a un equilibrio, ¿cómo conseguirlo para tener autoridad?
En una de las primeras charlas que di a un grupo de padres de un parvulario, una madre levantó la mano y me preguntó:
- ¿Qué hago si mi hijo está encima de la mesa y no quiere bajar
- Dígale que baje, -le dije yo.
- Ya se lo digo, pero no me hace caso y no baja -respondió la madre con voz de derrotada.
- ¿Cuántos años tiene el niño? - le pregunté.
- Tres años - afirmó ella.
Situaciones semejantes a ésta se presentan frecuentemente cuando tengo la ocasión de comunicar con un grupo de padres.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Madurez personal - Madurez sexual



La madurez es un concepto que las definiciones académicas nos presentan como el buen juicio, la prudencia, y el estado del desarrollo completo de un fenómeno. En este caso el fenómeno que queremos abordar es la sexualidad y el amor, y por lo tanto de la madurez personal.
Se dice que una decisión es madura, cuando se ha sopesado con buen juicio, con prudencia, y con una aceptación total de las consecuencias de esa acción. Es difícil encontrar alguien hoy en día que no opine que la sexualidad debe ser producto de una decisión madura. Al ser expresión del amor personal, la vivencia de la sexualidad debería ser una decisión madurada no sólo en el ámbito individual sino a nivel de pareja.
Pero el problema reside en que no todo el mundo tiene el mismo concepto de madurez. Y es obvio que no todo el mundo vive la sexualidad responsable y maduramente.
En los colegios a los que asistimos, la pregunta que se repite con más asiduidad es la de  ¿Cuándo estoy preparado para mantener relaciones sexuales?, ¿Cuándo estaré maduro? O lo que a veces es más preocupante ¿Cuál es la edad media, de la primera relación sexual?, ¿a que edad uno es maduro para el sexo?, preguntas en las que se confunde mayoría de edad con madurez.


Manejo de la autoridad en la adolescencia


La autoridad es muy necesaria en la adolescencia, básicamente porque es sobre ella sobre la escalera que el adolescente subirá en su camino de madurez. Es un derecho y una obligación a la que los padres no pueden renunciar, en aras a una supuesta “liberalidad”. El adolescente necesita la autoridad de sus padres para aferrarse a algo en su proceso madurativo.

Lo que sucede es que la autoridad debe ejercerse de forma proporcionada, en el momento oportuno y con los temas oportunos. Es inevitable que durante todo este proceso surjan situaciones conflictivas que puedan servir para distanciar a los hijos de sus padres, distancia que por otra parte es necesaria para el desarrollo de la personalidad en el joven.
Ciertamente la adolescencia es un proceso de adaptación mutua en el que el hijo crece y las relaciones con sus padres cambian, y a algunos padres les cuesta aceptar este cambio, parece como si temieran la adolescencia de sus hijos y en cierta medida se oponen a ella, por ejemplo, vigilándoles en todo momento.

Queremos insistir en que al adolescente no le va bien ni la sobreprotección ni la rigidez. La rigidez ha de flexibilizarse a través de las negociaciones; si bien los padres han de asumir el control y marcar los límites, por su parte los hijos han de tener “voz” para expresar sus opiniones. Sólo así se podrá llegar a acuerdos satisfactorios y aceptados por ambas partes. Es muy importante que queden claras las reglas a las que los adolescentes tienen que atenerse en cuanto a estudios, horarios, obligaciones, dinero etc, así como cuales serán las conductas a seguir en caso de infracción a esas reglas. De la misma forma los adultos han de ser claros, reales y concretos a la hora de establecer límites y actuar en consecuencia.

Los adolescentes y la mentira


La mentira en un adolescente es un asunto mucho más serio que en un niño chico: al mentir, lo hace con la clara intención de engañar al otro. Muchas veces, además, convierte a la mentira en la herramienta con la que fácilmente soluciona sus problemas o consigue lo que quiere. Para ayudar a un hijo que miente, los padres deben ir a la raíz: al por qué mienten.

Las razones que dan
La psicóloga Carolina Flaño explica por qué el adolescente miente
En primer lugar, la mentira surge porque no se acepta la realidad tanto externa como interna.
“La realidad externa, en el caso de los adolescente se refiere, por ejemplo, a los límites que imponen los padres. Entonces en general, no toleran que no se les dé un permiso, y es muy probable que digan que irán a la casa de un amigo y se van a donde lo estiman conveniente”.
En estos casos, la especialista recomienda a los padres establecer reglas claras con firmeza pero a la vez con mucha serenidad y criterio, favoreciendo siempre un ambiente de confianza donde el espacio para la conversación esté antes que la recriminación. El exceso de autoridad y la excesiva rigidez en los permisos seguramente llevará a que el adolescente esté continuamente mintiendo.

sábado, 16 de noviembre de 2013

PERSONALIDAD EN LA ADOLESCENCIA


La problemática del adolescente puede considerarse como un fenómeno sociocultural.
El adolescente se encuentra en una situación constante de inseguridad, precariedad y provisionalidad en todos los ámbitos de su vida.

El adolescente está sometido a una serie de demandas paradójicas por parte de su entorno (padres, profesores, familiares), ya que indistintamente se le exige que se comporte bien como adulto, bien como niño, sin que quede claro en qué situación debe de adoptar uno u otro rol. Se espera de él que se comporte como un adulto pero, desde luego, no en todo, no en su vida sexual o con independencia económica. 

Así, al mismo tiempo que intenta cortar los vínculos de dependencia con respecto a la familia y establecer sus propias formas de vida, se encuentra con la imposibilidad de responsabilizarse de una familia o de otras formas de convivencia, puesto que está en período de formación o preparación profesional y carece de independencia económica. La precariedad se pone de manifiesto también en sus relaciones con el sexo opuesto. Se da una discrepancia entre la capacidad funcional sexual y el posible uso de la misma que se le concede desde su entorno social.
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