Tener
autoridad, que no autoritarismo, es básico para la educación de nuestro hijo.
Debemos marcar límites y objetivos claros que permitan diferenciar qué está
bien y qué está mal, pero uno de los errores más frecuentes de padres y madres es
excederse en la tolerancia. Y entonces empiezan los problemas. Hay que llegar a
un equilibrio, ¿cómo conseguirlo para tener autoridad?
En
una de las primeras charlas que di a un grupo de padres de un parvulario, una
madre levantó la mano y me preguntó:
- ¿Qué
hago si mi hijo está encima de la mesa y no quiere bajar
-
Dígale que baje, -le dije yo.
- Ya
se lo digo, pero no me hace caso y no baja -respondió la madre con voz de
derrotada.
-
¿Cuántos años tiene el niño? - le pregunté.
-
Tres años - afirmó ella.
Situaciones
semejantes a ésta se presentan frecuentemente cuando tengo la ocasión de
comunicar con un grupo de padres.