miércoles, 23 de diciembre de 2015

Cómo negociar con nuestros hijos, libertad y límites

FUNCIONES DE LOS PADRES


Desde la psicología cuando se habla de las funciones de los padres dentro del sistema familiar, se reconocen dos funciones básicas: la Nutrición Emocional, y las Funciones Socializantes, vamos a ver en qué consiste cada una de ellas:
·     Nutrición emocional: es la función mediante la cual los padres dan afecto y seguridad emocional a los hijos, y les devuelven una imagen positiva de sí mismos.
·     Funciones sociabilizantes: mediante las cuales los padres controlan el contacto de sus hijos con la sociedad en un doble sentido:
o   Funciones protectoras: los padres ayudan a los hijos a defenderse de las agresiones del entorno.
o   Funciones normativas: orientar a los hijos sobre cómo tratar a los demás; adaptarse y aceptar normas familiares y sociales
 Cuando en una familia lo padres no aportan suficiente nutrición pero sí mucha exigencia (en funciones normativas) genera en los hijos estados depresivos y los predispone a la depresión cuando sean adultos. Todo son normas y casi nunca aciertan al cumplirlas, sentirse queridos depende de si cumplen las normas
Si no se da ni nutrición ni sociabilización, se generan familias multiproblemáticas, fracaso escolar, drogadicción, alcoholismo, delincuencia...

Carta de un hijo a todos los padres del mundo



  • No me des todo lo que te pido. A veces sólo pido para ver hasta cuánto puedo coger.
  • No me grites. Te respeto menos cuando lo haces, y me enseñas a gritar a mí también; y yo no quiero hacerlo.
  • No me des siempre órdenes. Si en vez de órdenes a veces me pidieras las cosas, yo lo haría más rápido y con más gusto.
  • Cumple con las promesas, buenas o malas. Si me prometes un premio, dámelo, pero también si es castigo.
  • No me compares con nadie, especialmente con mi hermano o hermana. Si tú me haces lucir mejor que los demás, alguien va a sufrir, y si me haces lucir peor que los demás, seré yo quien sufra.
  • No cambies de opinión tan a menudo sobre lo que debo hacer, decide y mantén esa decisión.
  • Déjame valerme por mí mismo. Si tú lo haces todo por mí, yo nunca podré aprender.
  • No digas mentiras delante de mí, ni me pidas que las diga por ti, aunque sea para sacarte de un apuro. Me haces sentir mal y perder la fe en lo que dices
  • Cuando yo hago algo malo, no me exijas que te diga por qué lo hice. A veces ni yo mismo lo sé.
  • Cuando estés equivocado en algo, admítelo, y crecerá la opinión que yo tengo de ti y me enseñarás a admitir mis equivocaciones también.
  • Trátame con la misma amabilidad y cordialidad con que tratas a tus amigos, ya que porque seamos familia, eso no quiere decir que no podamos ser amigos también.
  • No me digas que haga una cosa si tú no lo haces. Yo aprenderé y haré siempre lo que tú hagas aunque no lo digas. Pero nunca haré lo que tú digas si no lo haces.
  • Enséñame a amar y conocer a Dios. No importa que en el colegio me lo quieran enseñar, porque de nada vale si yo no veo que tú conoces y amas a Dios.
  • Cuando te cuente un problema mío no me digas: No tengo tiempo para boberías o eso no tiene importancia. Trata de comprénderme y ayudarme.
  • Y quiéreme y dímelo. A mí me gusta oírtelo decir, aunque tú no lo creas necesario.



Escuela de Padres CNICE. Ministerio de Educación, 
 Ciencia y Deporte 2009.



Madurez personal - Madurez sexual



La madurez es un concepto que las definiciones académicas nos presentan como el buen juicio, la prudencia, y el estado del desarrollo completo de un fenómeno. En este caso el fenómeno que queremos abordar es la sexualidad y el amor, y por lo tanto de la madurez personal.
Se dice que una decisión es madura, cuando se ha sopesado con buen juicio, con prudencia, y con una aceptación total de las consecuencias de esa acción. Es difícil encontrar alguien hoy en día que no opine que la sexualidad debe ser producto de una decisión madura. Al ser expresión del amor personal, la vivencia de la sexualidad debería ser una decisión madurada no sólo en el ámbito individual sino a nivel de pareja.
Pero el problema reside en que no todo el mundo tiene el mismo concepto de madurez. Y es obvio que no todo el mundo vive la sexualidad responsable y maduramente.
En los colegios a los que asistimos, la pregunta que se repite con más asiduidad es la de  ¿Cuándo estoy preparado para mantener relaciones sexuales?, ¿Cuándo estaré maduro? O lo que a veces es más preocupante ¿Cuál es la edad media, de la primera relación sexual?, ¿a que edad uno es maduro para el sexo?, preguntas en las que se confunde mayoría de edad con madurez.


La intimidad



La pareja requiere intimidad. La intimidad es la forma que tiene la pareja de demostrar al mundo y a ella misma que existe un lazo muy especial que les mantiene unidos. Cuantas menos barreras, mayor intimidad. Y no me refiero únicamente a la intimidad sexual, sino también a la psicológica. Ábrete a tu pareja. No le ocultes ni tus esperanzas, ni tus sueños, ni tus deseos. Corréis el peligro de acabar convertidos en verdaderos extraños.

La intimidad total no tiene nada que ver con el sexo y normalmente se ejerce completamente vestido. No es nada complicado ni difícil de conseguir. Puede existir toda la vida y, sin embargo, existen pocos casos documentados.

La intimidad total es entregarse íntegramente a la pareja. La intimidad de la pareja se desvanece un poco cada vez que te ocultas detrás de una pantalla, sea del tipo que fuere. Es como construir paredes en lugar de puentes.

Manejo de la autoridad en la adolescencia


La autoridad es muy necesaria en la adolescencia, básicamente porque es sobre ella sobre la escalera que el adolescente subirá en su camino de madurez. Es un derecho y una obligación a la que los padres no pueden renunciar, en aras a una supuesta “liberalidad”. El adolescente necesita la autoridad de sus padres para aferrarse a algo en su proceso madurativo.

Lo que sucede es que la autoridad debe ejercerse de forma proporcionada, en el momento oportuno y con los temas oportunos. Es inevitable que durante todo este proceso surjan situaciones conflictivas que puedan servir para distanciar a los hijos de sus padres, distancia que por otra parte es necesaria para el desarrollo de la personalidad en el joven.
Ciertamente la adolescencia es un proceso de adaptación mutua en el que el hijo crece y las relaciones con sus padres cambian, y a algunos padres les cuesta aceptar este cambio, parece como si temieran la adolescencia de sus hijos y en cierta medida se oponen a ella, por ejemplo, vigilándoles en todo momento.

Queremos insistir en que al adolescente no le va bien ni la sobreprotección ni la rigidez. La rigidez ha de flexibilizarse a través de las negociaciones; si bien los padres han de asumir el control y marcar los límites, por su parte los hijos han de tener “voz” para expresar sus opiniones. Sólo así se podrá llegar a acuerdos satisfactorios y aceptados por ambas partes. Es muy importante que queden claras las reglas a las que los adolescentes tienen que atenerse en cuanto a estudios, horarios, obligaciones, dinero etc, así como cuales serán las conductas a seguir en caso de infracción a esas reglas. De la misma forma los adultos han de ser claros, reales y concretos a la hora de establecer límites y actuar en consecuencia.

Cuando el niño miente



            Si quieres que los demás confíen en ti, tienes que merecer su confianza. La confianza se gana con el trabajo bien hecho y la obligación cumplida.

¿Cuántas veces nos ha tocado, como padres o profesionales, estar frente a la mentira de un niño? A veces de la manera más inocente, y otras veces con verdadera premeditación, lo cierto es que la mentira en el niño es casi una forma normal de comunicarse en el ambiente en que cotidianamente nos desenvolvemos. Presento a continuación, algunas pautas que pueden servir de base para una reflexión del problema y para abordar con mayor serenidad el tema de la mentira en los niños.


TIPOS DE MENTIRA EN EL NIÑO:
Cuando le decimos a un niño "Estás mintiendo", debemos tener mucho cuidado. Mentir es decir falsedades, es engañar a través de la palabra. Un niño que miente no siempre lo hace con intención.
Normalmente, los niños menores de 7 años tienen la tendencia a confundir la realidad con la fantasía. De ahí que sus juegos parecen tan vívidamente reales. En esta edad, cuando un niño se acerca a nosotros y nos dice "Por favor límpiame la cara que me quedó llena de barro luego del combate en el que estuve...", nos está invitando a participar de su fantasía y no está intencionalmente queriendo engañarnos. Este tipo de "mentira" es inocente, sin premeditación y sobre todo sin querer conseguir ningún beneficio con ello.
A partir de los 7 años, aproximadamente, el niño empieza a tener mayor conciencia de su realidad y se da cuenta que a veces falseando la verdad puede conseguir ciertos beneficios personales. Por ejemplo, el niño que asegura haber comprado un dulce con una moneda que se encontró en la calle, cuando en realidad la sustrajo del monedero de la mamá...
Padres, maestros y orientadores nos preocupamos ante este segundo tipo de mentira en el niño, pues es el que mayormente acarrea problemas posteriores.

¿PORQUÉ MIENTE EL NIÑO?
Queda claro, entonces, que en niños pequeños la mentira se da como parte de su juego, como viviendo su fantasía en la realidad.
Cuando el niño mayorcito miente, puede ser por diversas razones:
  1. Como imitación al padre o a la madre que miente: Los niños, dicen, son como esponjas que absorben todo. Si ellos observan y viven la mentira de manera cotidiana, aprenden a hacerlo como algo normal y cotidiano. Es el caso del niño que escucha a su madre negarse al teléfono "dile que no estoy..."
  2. Por miedo: Suele ser la causa más común de la mentira en los niños, quienes por temor a la desaprobación o al castigo por parte de la madre o del padre, se ven llevados a falsear la verdad. Si el niño sabe que, por ejemplo, al llevar una nota mala del colegio, su mamá se va a enojar o le va a prohibir ver televisión, seguramente dirá que no le han entregado sus calificaciones aún...
  3. Ante la exigencia: Cuando le exigimos mucho al niño, esperando de él, a veces más de lo que esperamos de nosotros mismos, el niño tiende a hacernos creer que está al nivel de nuestras expectativas, y miente para no defraudarnos.
Sea cual fuere la causa concreta de la mentira, siempre es señal de que el niño está en apuros. El que miente es porque lo necesita. Con la mentira, el niño nos está diciendo "auxilio".

¿CUÁNDO PREOCUPARSE?
No siempre la mentira es tan grave como para preocuparse. Cuando la mentira es surgida de la fantasía, normalmente con la madurez del niño, ésta desaparece. Cuando se trata de mentira propiamente dicha, tendríamos que preocuparnos si es recurrente o si se presenta como:
a. Mentira patológica: La famosa "mitomanía" que surge del niño que intenta persuadir y convencer a los demás de la realidad de sus relatos. Esta es la mentira que se vuelve habitual, una forma normal de reaccionar en el niño.
b. Mentira neurótica: Surge como producto de un nivel elevado de ansiedad en el niño o del temor en general. Por ejemplo el caso del niño que habitualmente miente acusando a sus profesores de mal trato para ocultar su rechazo escolar.


¿QUÉ HACER ANTE LA MENTIRA?
Lo primero que tenemos que hacer como padres o maestros es determinar qué tipo de mentira es con la que estamos lidiando y, sobre todo, qué la está motivando. Si no sabemos cuál es la causa de ese "auxilio" desesperado en el niño, corremos el riesgo de equivocarnos en la intervención.
La actitud que tengamos va a ser determinante. Será necesario:
  1. Reaccionar con calma aunque con severidad.
  2. Felicitar o premiar al niño que confiesa la verdad. Si lo castigamos a pesar de que ha confesado, estamos reforzando su hábito de mentir (la próxima vez lo hará con más cuidado para que no lo descubran...). Sólo en última instancia habrá que acudir al castigo.
  3. Favorecer un ambiente de confianza, en la que el niño se anime a contar sus travesuras y sus errores. Que no sienta que cada vez que habla, hay consecuencias drásticas.
  4. Estar alerta. Por mucho que amemos a nuestros hijos, tenemos que aceptar que a veces fallan, que no son perfectos e ideales como los hemos imaginado.
Lo ideal es que estas condiciones se den a modo de prevenir la mentira en el niño ("es mejor prevenir que lamentar"). Si estas condiciones se dan en su hogar, seguramente el hábito de la mentira no se dará; o si es que ya existe, irá desapareciendo en el niño. Si no llegara a desaparecer, lo más recomendable es buscar orientación profesional.



Lic. Pilar Ramírez V. - Psicólogo

El ciclo vital de la pareja

INTRODUCCIÓN

Ser pareja no es fácil. Son muchas las dificultades, las tensiones, el estrés. El número de rupturas conyugales así lo confirma. Pero a pesar de todo, casarse continúa siendo la opción preferente (...) Son varios los estudios que indican que las personas casadas tienen niveles de bienestar psicológico más elevados que las que no están casadas (Oskamp, 1987; Gove, Style, Hughes, 1990). En la gente que está casada se certifican menos casos de tratamiento de salud mental, más indicadores positivos de bienestar psicológico, tales como la felicidad y satisfacción con la vida y menos indicadores negativos como depresión y ansiedad. Gottman (1993) recoge un análisis de la relación entre estado civil y salud, donde se constata que la población menos saludable es la de separados y divorciados, seguida por la de viudos y solteros. La población casada es la que presenta índices de salud física y mental más elevados. Gove y Umberson verificaron que las ventajas del matrimonio más importantes señaladas por las personas casadas es el compartir los problemas, los placeres, el cuidado y la preocupación recíprocos.



Evidentemente, no es el matrimonio en sí el que genera el bienestar. Éste depende del nivel de satisfacción que el matrimonio proporciona. La calidad conyugal afecta a la salud en lo positivo y en lo negativo.